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jueves, 13 de febrero de 2014

Resurrección

Algunos os estaréis preguntando: ¿dónde se ha metido esta chica? 
O puede que no. 
Pero me da lo mismo, os lo voy a explicar.

Como creo que ya dejé bastante claro en el último post, tenía un examen horripilante el viernes pasado. De esos que te dejan los ojos rojos, el cerebro como una centrifugadora y el ánimo por los suelos mientras estudias, y la cabeza aún dando las últimas vueltas y la mano hecha polvo (yo al menos ya no estoy acostumbrada a escribir hojas y hojas con boli) después de hacerlo.

Pero hay que buscarle la parte positiva a todo. Según sales del aula donde has pasado las dos últimas horas exprimiendo la esponja en la que se había convertido tu cerebro, te sientes ligera cual pajarillo, y con el viento que soplaba ese día poco me faltó para echar a volar. Crees que te ha salido bien (aunque ahora entres como de puntillas y temblando a mirar las notas cada dos por tres, cuando sabes perfectamente que la celeridad no es una de las virtudes de tus profes a la hora de corregir), estás contenta y... ¡es viernes!
Lo bueno de terminar los exámenes un viernes es que tienes todo el fin de semana ahí para celebrarlo con propiedad. 

Empieza la celebración post-examen. Cena de pintxos y potes con los amigos. Y esa vez dejas el coche en el garaje, que para algo te has mudado a la semicivilzación y puedes volver andando. Así que vas a vinos desde la primera ronda y culminas la noche con una copa bien puesta, charlando y riendo. Voy a confesar, me compré una carolina para rematar al llegar a casa, como autopremio por ser yo ^^



El sábado de nuevo cena con los amigos, esta vez sentados y con platos (cubiertos no, qué ya serían ganas de manchar a lo tonto y además era picoteo y hamburguesa) y despues... ¡fiesta! y más copas de las que puedo recordar.


Aquí empieza ya la resaca post-celebración, post-exámenes. Por suerte no fue grave y me dediqué a no hacer absolutamente nada en todo el día.

Vale, eso me da una coartada hasta el domingo. ¿Y desde entonces? Que estamos a jueves. ¿No decías que la resaca había sido leve?
Pue sí, también tengo excusa para eso, y es solo recuperación. Eliminar cualquier atisbo de apuntes que me recordara el examen lleva su tiempo. Y además tenía la máquina de coser aparcada en un rincón desde hacía tiempo y había que recuperar el tiempo perdido. Así que he estado corta que te corta y cose que te cose. 
El 21 de febrero me voy a Madrid a pasar el fin de semana y quiero llevar una remesa lo más surtida posible de guirnaldas de banderines para que se empiecen a vender como churros. Tengo el firme propósito de ¿abanderar? ¿abanderinear? ¿buntear? (tendré que acuñar alguna de esas) todas las casas y fiestas del país.


Y eso es todo por hoy, voy a seguir cosiendo.

Hasta x (también tengo el firme propósito de recuperar los posts diarios, veremos si lo consigo).

martes, 28 de enero de 2014

Una tela, una historia: Rebeca

 


Madrid, 10 de enero de 2014

A toda mi familia, amigos y conocidos:

Ya sabéis que siempre he querido dar la vuelta al mundo, visitar todos los continentes, todos los países, sin vuelos programados ni hoteles reservados. También sabéis que si no lo había hecho aún es porque para eso hace falta una pasta gansa.
Pues bien, ya la tengo. Me ha tocado la lotería del niño, ¡yujuuu! Y nada de un pellizquito, no. Me ha tocado en condiciones.
Así que aquí estoy, escribiéndoos una postal desde Barajas, mientras espero a que salga mi primer avión. Sin maleta ni nada. Ya iré comprando por ahí lo que necesite, (bueno, una mochila sí que llevo, con algo de ropa, neceser básico, cartera, ebook y poco más).
No sabéis lo que se siente al llegar a un aeropuerto, mirar la pantalla de salidas y elegir destino así al tuntún. Había pensado empezar por Roma y después dedicarme a conocer Italia, que es mi gran olvidada y me apetecía mucho. Pero, ¿sabéis qué me apetece más ahora mismo? Calor, hemisferio sur, verano ahora que aquí es invierno. Me gustan los contrastes. Por eso en billete que tengo en la mano me va a llevar a Buenos Aires. Ay, Argentina. Qué ganas de conocerla. Ya que estaré por allí, seguramente me quede recorriendo Sudamérica. Hasta que me canse y me apetezca un cambio de aires. Lo mismo desde Perú vuelo a Helsinki, quién sabe.
Puede que el dinero no dé la felicidad, pero en mi caso desde luego me ha dado libertad para viajar adonde quiera, y eso me hace muy feliz.
Me llevo una libretita con las direcciones y los emails de unos cuantos. Iré enviando noticias a unos o a otros, seguramente postales, que me hace ilusión. A quien le llegue, que la comparta con los demás. Así no perderéis la pista de los tumbos que vaya dando por el planeta. 
Bueno, como despedida imprevista, esto es todo. Pero no os preocupéis, volveré. En algún momento me apetecerá volver a casa. Total, mi vuelta al mundo puede ser con escalas y tengo el resto de mi vida para seguir viajando. 
Os prometo que en cosa de un año más o menos estaré por allí y montaré una macrofiesta para todo el mundo. Con regalos de los viajes y barra libre, por supuesto, jejeje.
Sed felices

Besos

Rebeca



jueves, 23 de enero de 2014

Una tela, una historia: Ruth

Frío. Mucha luz. Mucho ruido. Por eso llora Ruth.
No sabe que ha tenido mucha suerte. Enseguida estará calentita, arropada y bebiendo algo dulce y delicioso. 
Ya la quieren. En realidad la quieren desde antes de conocerla. Y ha costado mucho traerla. Que se lo digan a su madre, que sigue exhausta acostada en la camilla tras varias horas de parto. Y aun así, está deseando verla y cuidar de ella.

Va a vivir en una casa preciosa, con un jardín y una valla blanca. Todavía no está allí, pero dentro de unos años, en el jardín habrá un columpio, también blanco. Le han preparado una habitación de cuento de hadas, llena de flores y corazones. 

Irá a un buen colegio, llevará vestidos bonitos, tendrá juguetes nuevos y tal vez hasta un perro. Su padre ya está a punto de ceder en ese tema.

Han preparado una fiesta de bienvenida para cuando llegue a casa, con regalos, dulces, globos y guirnaldas de banderines. Ella no se va a dar cuenta, claro. Ni siquiera lo recordará. Pero más adelante sonreirá al ver las fotos. Irá a verla toda la familia y un montón de amigos de sus padres, y todos dirán lo guapa que es y le sacarán parecidos. De esto sí podrá acordarse porque se repetirá muchas veces. Casi cada vez que la vean durante unos años.

Pero ahora sólo llora porque tiene frío, porque hay mucha luz y mucho ruido.

No sabe que ha tenido mucha suerte.


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